Biodinámica craneosacral

Es una terapia que nos permite conectar con nuestra Esencia y con nuestro Poder de Autosanación Interno de una forma respetuosa y profunda. Lo que distingue a la biodinámica craneosacral es la forma de escucha de la glándula pineal y del pericardio, lo que facilita la liberación de la memoria y los patrones que han quedado a nivel no consciente (subconsciente o supraconsciente) y en la memoria celular, especialmente en la “programación” de nuestro ADN. Necesita de nuestra parte entender cómo funciona nuestra memoria no consciente y tener una gran aceptación de todo lo ocurrido en nuestra vida (verlo como experiencias, de forma neutra), para que se pueda liberar lo registrado en nuestro subconsciente. De lo contrario seguiremos repitiendo determinados patrones una y otra vez. La terapia bioenergética (bio=vida, energética= energía, luz) deriva de la terapia craneosacral que a su vez lo hace de la osteopatía.

 

Enfoque de la  biodinámica craneosacral

Una serie de osteópatas craneales se dieron cuenta de que había otros movimientos aparte de la respiración primaria, que envolvía a esta y que eran más lentos y más profundos. Estos osteópatas craneales fueron Rolling Beker, Franklin Sylls, Michael Kern y Robert Harris, entre otros.

Retomaron el trabajo de Sutherland, en lo referente a la Energía Vital (o Aliento de Vida) como Potencia Sanadora existente en el Universo, manifestándose y acumulándose en el líquido cefalorraquídeo y creando en el cuerpo dos movimientos de marea: la marea larga, lenta, de unos 100 segundos por ciclo, que transporta la Matriz Original o recuerdo de nuestro Propósito o Plan de Vida. Contactar con ella es conectar con nuestra Esencia o Presencia Interna y con nuestro poder autosanador. La otra es la marea media, más rápida, de unos 25 segundos por ciclo, que equilibra, elimina tensiones y revitaliza el organismo.

Es una técnica suave y profunda, respetuosa con el proceso de cada persona. El terapeuta es un mero espejo de lo que le está sucediendo al paciente. Sin él el paciente no podría verlo o entenderlo a niveles internos, pues la parte consciente en nosotros necesita esa referencia externa. Pero es el propio paciente el que hace los cambios que necesita, sin la intervención del terapeuta. Es como una meditación interactiva donde no está la mente, no hay dualidad y tanto terapeuta como paciente “actúan” como Unidad.

Las sesiones facilitan una profunda conexión y comprensión del paciente consigo mismo y con la Potencia Sanadora de la Energía Vital, que se puede manifestar de forma más intensa y más clara. El paciente experimenta crecimiento interior, una reorganización fisiológica, cambios estructurales y un equilibrio profundo, tanto mental como emocional.

Es indicada para las mismas patologías que trata la terapia craneosacral, pero es mucho más sutil ya que reconecta al paciente con su verdadero Ser, la mayoría de las veces olvidado. Es muy adecuada para tratar el estrés postraumático, así como también ayuda a equilibrar los problemas psicológicos derivados del trauma. Equilibra desajustes del sistema nervioso, endocrino y energético. Mejora el funcionamiento global del cuerpo y es útil en cualquier patología que se manifieste en el individuo, ya que puede llegar al origen (tanto a nivel consciente como no consciente) de la misma.

En este tipo de terapias, el terapeuta tiene que ser capaz de estar presente en la sesión con ecuanimidad; saber crear un espacio seguro donde el paciente pueda ser quien es; saber observar sin intervenir, pero también saber mostrar (como si fuera un espejo) lo que está sucediendo; saber proveer al paciente de recursos suficientes para que pueda comprender, aceptar y asimilar su proceso. Esta es la verdadera clave de la transmutación y de la sanación.

 


 

Como ya expuse, la Terapia Bioenergética es una terapia profunda en la que están implicados específicamente el pericardio (envoltura del corazón) y las glándulas pituitaria y pineal. Estas glándulas durante la terapia, alcanzan una determinada frecuencia que permite llegar al origen primario que ha causado el desequilibrio o la enfermedad. La glándula pineal a través del tercer ventrículo del cerebro permite el acceso a la parte “no consciente” de la mente y accede a los registros de traumas, shocks, miedos, y demás bloqueos emocionales y experiencias que nos han dejado una huella profunda, y que nuestro cuerpo está somatizando, llegando además los registros del ADN de nuestras células. Realiza además una reconexión profunda con todo el sistema nervioso y las áreas especiales de regeneración del cuerpo (tanto físicos, psíquicos, emocionales y energéticos) para que la experiencia de los desequilibrios, desajustes, desarmonías, enfermedades, etc., el cuerpo la integre, y la pueda sanar, llegando al origen y a la causa principal de su manifestación.

Durante una terapia bioenergética (y sobre todo, después de ella) el cuerpo, la mente, las células, el campo energético y las emociones experimentan numerosos cambios. Unos son perceptibles y otros se dan a nivel más sutil. Hay un “trabajo” en el plano consciente, pero el más importante se produce interiormente, a niveles profundos, tanto conscientes como no conscientes.

 

El subconsciente y las experiencias

El no-consciente (subconsciente y supraconsciente) registra todo lo acontecido en nuestras vidas como experiencias. No lo percibe como la mente consciente, que es dual. La mente percibe lo que vivimos como acontecimientos buenos o malos, justos o injustos dolorosos o placenteros, positivos o negativos, tristes o alegres…………

Nuestro subconsciente y la “parte sabia” de nosotros que está en él, entiende las vivencias y episodios de nuestra vida como experiencias, por tanto, para que nuestra “sabiduría interior” resuelva situaciones difíciles de nuestro pasado (traumas, shocks, miedos, bloqueos emocionales……) y de nuestro presente, debemos aceptar como experiencias todo lo que nos ha acontecido en nuestra vida, sin responsabilizar a los demás (ni a nosotros mismos) de lo que nos ha sucedido o lo que nos está sucediendo. Si algo se ha dado en el pasado, o se da en el ahora (aunque no nos guste), tiene alguna razón de ser, no es casual; nuestra parte “no consciente” lo registra como una experiencia necesaria en nuestra vida.

Sin aceptación, el proceso de sanación interna no se activará de forma profunda: si no hay aceptación no hay sanación.

En definitiva, debemos tomar todo lo sucedido y vivido en nuestra vida como experiencias (sin calificarlas de buenas o malas), aceptarlas, ser los únicos responsables de nuestra vida y de nosotros mismos y no culparnos ni buscar culpables. Todo en nuestra vida, a nivel del subconsciente, se ha ido registran do de esta manera y es  ahí donde también se encuentra nuestro poder sanador.

Todo lo que hemos vivido se ha dado por alguna razón, tiene algún propósito, aunque nuestra mente racional no lo pueda entender. Nada pasa por casualidad (no existe tal cosa). Todo es causal, o sea, todo lo que nos sucede tiene una causa u origen, aunque solo estemos viendo los efectos y no podamos entender lo que está “detrás” de cada acontecimiento que vivimos. Cuando aceptamos recuperamos nuestro poder y la fuerza sanadora interna se activará.

 


La glándula pineal 

En este proceso la glándula pineal juega un papel fundamental. Es una glándula que está situada en la parte posterior del cerebro, está rodeada de una fina “arenilla” muy importante para las funciones subconscientes y supraconscientes de nuestro Ser. Dentro se encuentran moléculas de agua capaces de la recepción más fina de las frecuencias vibratorias del universo  y de decodificar todas las geometrías y entendimientos de la realidad. Esto lo tenemos, grabado en nuestro ADN. La glándula pineal es como un dispositivo natural dentro de nuestro Ser que conecta, a modo de “link”, nuestra mente y cuerpo físico con el universo; esa parte está dentro de todos nosotros y funciona de forma continua, seamos conscientes o no. Y esta glándula se reactiva en cada terapia bioenergética o de biodinámica craneosacral.



 

La Biodinámica Craneosacral 

La terapia craneosacral biodinámica tiene origen en los descubrimientos que el osteópata americano W.G. Sutherland realizó ahora hace más de cien años en relación a una pulsación rítmica sutil que emerge en los tejidos y fluidos del núcleo del cuerpo.

A la existencia de esos movimientos profundos y a las novedosas técnicas diagnósticas y de tratamiento que posteriormente desarrolló se le denominó “concepto craneal”.

Se dio cuenta de que en las zonas del cuerpo que estaban bajo tensión o congestión se daban cambios en esos movimientos, así que desarrolló técnicas sutiles para ayudar a liberarlas. Estos fueron los inicios y el trabajo se desarrolló en el entorno del Impulso Rítmico Craneal, la primera pulsación rítmica descubierta que tenía que ver con los procesos de organización y autorregulación del cuerpo.

Esta pulsación puede ser palpada por el terapeuta y se siente como un movimiento respiratorio, como una onda, o como finalmente lo acabaron llamando: un movimiento “en forma de marea.


Seis años antes de su muerte, Sutherland hizo un segundo descubrimiento: notó una clase de energía que generaba correcciones dentro del cuerpo del paciente sin influencia externa del terapeuta, la llamó “respiración de la fuente de vida” o “Aliento de Vida”, y a partir de aquí cambió su modo de tratamiento.

La marea es la expresión de cómo el Aliento de Vida se despliega en el cuerpo, es la Vida “tomando cuerpo”, una fuerza dinámica que esencialmente es el principio que ordena y regula todos los procesos corporales.

De esta apreciación surge la modalidad biodinámica de la terapia craneosacral, en la que el énfasis del trabajo está en la escucha neutral y el acompañamiento de los procesos que surjan sin imponer criterios, juicios o expectativas personales.

La potencia y la cualidad con la que emerge y se transmite este impulso a todo el organismo determina su estado de salud. La “cantidad” de salud de un organismo siempre es la misma, la salud no se pierde, solo se contiene y siempre está disponible. La salud de la hablamos en osteopatía craneosacral está en el núcleo de nuestro ser.  

El alcance de la terapia craneosacral biodinámica va mas allá de pretender conseguir un estado de optima salud física, esto en todo caso es una de las consecuencias de la terapia.



La marea media

En la práctica clínica muchos terapeutas han tomado conciencia de mareas que operan detrás del impulso rítmico craneal. Estas mareas más profundas también tienen un movimiento rítmico y muchos las consideran el poder impulsor que produce el impulso rítmico craneal. Aunque estos ritmos son algo más sutiles, también pueden detectarse mediante palpación. El ritmo concreto que subyace inmediatamente al impulso rítmico craneal se expresa de una forma más lenta, de aproximadamente 2,5 ciclos por minuto. Se le suele llamar marea media. Se considera que la marea media transporta la bioenergía disponible, o potencia biodinámica, que vitaliza el cuerpo. También expresa fases de inhalación y exhalación. En inhalación, la marea media asciende por el cuerpo y se ensancha lateralmente. En exhalación desciende al tiempo que se estrecha lateralmente. Este movimiento se orienta de manera natural en torno a la línea media del cuerpo, a la columna vertebral.

A la marea media le afecta mucho menos nuestras circunstancias inmediatas que al impulso rítmico craneal, y consecuentemente su ritmo es muy estable.

Es la propia Esencia de la Vida que se organiza en un cuerpo la que busca reorganizarse y emerger, es por ello que en el proceso de la terapia no tenemos que intervenir, no podemos decidir nada porque la Vida misma decide, sabe mejor que nosotros cual es la disponibilidad y que es posible para ese cuerpo en ese momento. La propia inteligencia profunda de la Vida con su capacidad inherente de organización y autorregulación será la que guíe el proceso.


El terapeuta, con su contacto y presencia puede generar un espacio que favorezca la expresión del Aliento de Vida en el cuerpo. La terapia craneosacral es una terapia manual cuyo objetivo es “actualizar”, favorecer la aparición del potencial de salud contenido en el cuerpo. Si la expresión del Aliento de Vida es la expresión de salud, la salud estará en función de lo que soy capaz de expresarme a mí mismo. Esto significa vivo, vital. La terapia craneosacral biodinámica abarca toda la gama de la experiencia humana, desde los aspectos más fisiológicos a la dimensión más transpersonal. Por tanto, tiene una profunda capacidad para mantener la integración y el equilibrio fisiológico a nivel interno. La potencia de la marea media promueve la salud y la sanación en todos los tejidos donde es capaz de manifestarse.

Cuando uno se sintoniza con la marea media siente una sensación de unidad y bienestar que interpenetra el cuerpo produciendo un sentimiento de totalidad. La marea media puede sentirse entrando en un estado de quietud y «ampliando la visión» que tenemos de nosotros mismos.



Respiración interna

A medida que la marea media se expresa en los tejidos y fluidos hace que éstos «respiren» simultáneamente a este ritmo más lento. Esta respiración interna de los tejidos se llama motilidad. Todas las estructuras vivas expresan motilidad, incluyendo las aparentemente duras y rígidas, como los huesos. Nuestra percepción habitual de los huesos como una sustancia dura y sin vida se deriva del hecho de que lo que generalmente examinamos son ejemplares muertos y secos. Sin embargo, el hueso vivo rebosa vida. Recibe riego sanguíneo y nervioso, tiene un alto porcentaje de fluidos, y posee un notable grado de flexibilidad que le permite moverse.

Cuando enseñaba este trabajo, el doctor Sutherland solía pedir a los estudiantes que se centraran en lo que les ocurre a los tejidos vivos.

La motilidad producida por la marea media estimula a las estructuras individuales del cuerpo a expresar su movimiento craneosacral. Como observa el doctor Becker: «Los tejidos, músculos, ligamentos, estructuras óseas, los sistemas de órganos dentro de sus envolturas de tejido conjuntivo, y los fluidos que contienen, acompañan automáticamente el movimiento de las pautas bioenergéticas».

 


El papel de los fluidos

Los sistemas de fluidos del cuerpo desempeñan una función importante en la distribución de nuestra potencia biodinámica. El fluido es el medio en el que la potencia se expresa rítmicamente a una velocidad de 2,5 ciclos por minuto. La potencia interpenetra los fluidos, que irrigan la totalidad del cuerpo y transportan esta fuerza vital a todas sus regiones. Por tanto, el libre movimiento de los fluidos dentro del cuerpo es fundamental para diseminar la potencia biodinámica y conservar la salud.

La potencia biodinámica del Aliento de Vida ha sido descrita como «la energía que puede actuar libremente dentro de los fluidos» . Esta potencia puede ser experimentada como una especie de «fluido dentro del fluido». Encontramos un concepto similar en la medicina china, en la que se considera que los fluidos corporales transportan las fuerzas vitales y un principio ordenante básico. De hecho, cada célula del cuerpo puede ser comparada con un saco de fluido en el que "flotan" sus microscópicas estructuras internas.


La chispa del motor

Desde los primeros días de este trabajo, los terapeutas craneosacrales han reconocido de una manera especial el significativo papel que tiene el fluido cerebroespinal en el transporte de la potencia del Aliento de Vida. El fluido cerebroespinal es el «jugo» que baña el sistema nervioso central. También es el vehículo en el que la potencia biodinámica se expresa inicialmente en el cuerpo. Así, el fluido cerebroespinal puede considerarse el principal eslabón entre la potencia del Aliento de Vida y su expresión en el cuerpo.

La potencia expresada dentro del fluido cerebroespinal actúa como la «chispa en el motor», produciendo la fluctuación longitudinal de fluidos que forma parte del impulso rítmico craneal, que como sabemos tiene un ritmo un poco más rápido. El doctor Sutherland apreciaba profundamente la fuerza vital transportada por el fluido cerebroespinal y la consideraba fundamental dentro de la actuación del movimiento respiratorio primario. Describió la potencia del Aliento de Vida como un «elemento invisible» dentro del fluido cerebroespinal y la fuerza que lo hace moverse".

 

La marea larga

Emergiendo desde el fondo de nuestro Ser, el primer movimiento del Aliento de Vida establece un impulso rítmico muy lento y profundo. Este impulso rítmico, con sus fases de surgimiento/expansión y recesión/estrechamiento, puede ser palpado en el cuerpo a lo largo de la línea media. Este ritmo más lento se denomina marea larga, y es una irradiación sutil de las cualidades más esenciales del Aliento de Vida. La marea larga es, de hecho, la manifestación más sutil de nuestra fuerza de vida. Es la base que sustenta todas las demás actividades corporales.

Percibir la marea larga es como dejarse caer hasta el fondo del mar. La marea larga subyace directamente en la marea media, siendo la fuerza que la origina. Los otros ritmos, que son más rápidos, se generan a partir de la marea larga a medida que el Aliento de Vida se despliega en sus manifestaciones externas. Los ciclos de la marea larga se expresan aproximadamente cada 100 segundos. Tiene una cualidad muy ligera y aérea; es el aliento de vida más esencial que interpenetra nuestro cuerpo. La marea larga a veces se experimenta como un ligero "resplandor" o una sutil "sensación eléctrica".

 

El recurso más profundo

A diferencia de las mareas más rápidas, a la marea larga no le afectan los altibajos de nuestras experiencias y condicionamientos cotidianos. Es la expresión de una capa de funcionamiento más profunda y sutil. Esta marea es de naturaleza y ritmo muy estables; resuena delicadamente e interpenetra rítmicamente el cuerpo desde el núcleo de nuestro Ser. A nivel profundo, contiene el conocimiento necesario para producir la curación. Es la base de todas las funciones reguladoras del cuerpo y cuando se presenta durante la práctica clínica indica una reconexión con nuestro recurso de salud más profundo.



Quietud intrínseca

El Aliento de Vida se transmite desde el fondo de nosotros en la serie de despliegues descritos anteriormente como las «tres mareas». El núcleo de nuestro ser es un estado de quietud pura y no creada. Éste es el lugar de nuestra naturaleza profunda. Este estado básico y esencial subyace a todos nuestros rasgos individuales, a nuestra personalidad y a todos nuestros actos. Es como el fondo del mar. Si nos relajamos profundamente, dejando llevar nuestra atención a la fuente de la que emergen todas nuestras actividades, podemos vislumbrar este estado de quietud intrínseca. A este nivel no existe la dualidad, no hay sujeto ni objeto. Se describe este estado como nuestro estado primordial y fundamental, asignanándosele las cualidades de vaciedad y luminosidad.

Todas las expresiones de la vida emergen de la quietud. A medida que nuestro ser se va mani­festando en un devenir, el Aliento de Vida empieza a expresarse como una sucesión de movi­mientos. Este proceso establece los distintos ritmos de las mareas del sistema respiratorio pri­mario, y puede compararse con el girar de una rueda. El centro de la rueda permanece inmóvil, sin embargo, a medida que te mueves hacia la periferia, el movimiento es cada vez más rápido. El doctor Sutherland lo describió como un “mar de fondo”. El mar de fondo del Aliento de Vida es el movimiento de la vida tal como se manifiesta desde el fondo de nuestro ser.

El movimiento de este mar de fondo surge como una fuerza centrífuga (un movimiento hacia fuera), seguido de una vuelta centrípeta hacia la fuente (un movimiento hacia dentro). Estas fuerzas centrífugas y centrípetas surgen rítmicamente de la fuente y vuelven a ella, siendo la expresión más básica de vida. Estas fuerzas pueden ser percibidas como movimientos espirales de energía, como cuando un muelle se enrosca y se desenrosca en constante movimiento.

El cuerpo está en un estado de constante reparación, regulación y regeneración. A cada mo­mento, la fuerzas vitalizadoras del Aliento de Vida sustentan y unifican el proceso aportando orden e integración. Como dice el doctor James Jealous:

“El Aliento de Vida entra en el cuerpo. Podemos sentir diversos ritmos que se crean a partir de él, y podemos percibir el proceso que tiene lugar... Realmente podemos percibir que el Aliento de Vida entra en el cuerpo, viene a la línea media, y desde la línea media genera distintos tipos de ritmos en el campo bioeléctrico, en los tejidos y en los fluidos. En esencia, está ocurriendo una génesis. Nunca se detiene. Momento a momento construimos nueva forma y función”. El doctor Jealous está describiendo algo extraordinario: una percepción directa del Aliento de Vida entrando en el cuerpo. Éste es un momento de creación en el que nuestra forma y todas nuestras actividades fisiológicas están siendo generadas por la expresión del Aliento de Vida.

 

Transmutación

Muchos terapeutas craneosacrales consideran el sistema respiratorio primario como una espe­cie de transformador que rebaja las poderosas energías del aliento de vida básico para que puedan operar en el cuerpo. El surgimiento de cada ritmo a partir de la fuente de quietud implica una mayor condensación en la forma. El doctor Sutherland lo llamó proceso de transmutación. La transmutación hace referencia a un cambio de estado. Como el hielo que puede convertirse en agua y después en vapor, una transmutación es la aparición de algo nuevo, una especie de «cambio de forma». Cada despliegue emergente del Aliento de Vida supone un cambio de estado. En este proceso, cada nuevo estado se forma a partir del inme­diatamente subyacente. Desde el fondo de la quietud dinámica surge el movimiento. Ésta es una transmutación expresada como marea larga. Después se genera la marea media, un movi­miento rítmico que se expresa dentro de los fluidos corporales. La marea media, a su vez, se despliega en la fluctuación longitudinal del fluido cerebroespinal y en el movimiento craneosacral de los tejidos, que son más rápidos.

 

 

El principio holográfico.

La relatividad y la mecánica cuántica sugieren claramente que el mundo no puede ser analizado como una serie de partes separadas con una existencia independiente. Es más, de algún modo, cada parte implica a todas las demás: las contiene o envuelve.

El organismo humano puede considerarse un sistema unificado en el que la totalidad está contenida en cada parte. Encontramos esta misma idea en diversos sistemas de salud como la acupuntura, la medicina ayurvédica, la terapia de polaridad, la reflexología y la iridiología. En estas terapias se usan partes concretas del cuerpo, como el pulso de la muñeca, la textura de la lengua, zonas de los pies o regiones del ojo para revelar información sobre el funcionamiento de la totalidad del sistema.

Los «ladrillos» genéticos contenidos en cada célula que conocemos con el nombre de ADN, tam­bién son un buen ejemplo de este principio. Cada célula contiene tiras enroscadas de ADN que almacenan información heredada de la totalidad del cuerpo. Cada célula contiene información de la totalidad, permitiendo la creación de nuevas células compatibles con la misma impronta genética.

 

El modelo holográfico

Los distintos ritmos de marea producidos por el Aliento de Vida constituyen todo un sistema de movimientos interrelacionados, el sistema respiratorio primario. Cada capa del sistema respiratorio primario está contenida dentro de otra, creando un campo unificado de actividad. Por tanto, cada parte de este sistema está interconectada con las demás y tiene acceso a la totalidad.

En la visión holográfica del universo se considera que todas y cada una de las formas físicas están interconectadas de este modo. Los pioneros de este concepto fueron el neurocirujano de Stanford Karl Pribram y el célebre físico cuántico doctor David Bohm.


La Totalidad en la parte

Uno de los rasgos clave del holo­grama es que la información de la totalidad está contenida en cada parte. En otras palabras, cada parte tiene acceso a la totalidad.

Un organismo puede considerarse como una especie de sistema holográfico en el que todo está intrínsecamente interconectado. Un holograma es parecido al principio ordenante esencial del Aliento de Vida, que mantiene la integridad y coherencia del cuerpo. Si el Aliento de Vida se queda bloqueado o restringido se produce el desorden o caos, y se pierde la coherencia. Uno de los principales objetivos del trabajo craneosacral es reconectar las partes que están en estado caótico con el Aliento de Vida.


Memoria holográfica

Uno de los grandes misterios que confunde a los neurólogos investigadores es: ¿cómo se almacena la memoria en el cerebro? Aunque estén dañadas diversas partes del cerebro, e incluso aunque se extirpen quirúrgicamente, la memoria puede mantenerse intacta. Esto demuestra que la función memoria no se localiza en un lugar concreto del cerebro. Parece que la memoria está plegada en la totalidad del cerebro. El doctor Karl Pribram defiende que, en muchos sentidos, el cerebro actúa como un holograma. Esto explicaría que cada recuerdo no tenga una localización concreta sino que está distribuido por la totalidad del cerebro. En el modelo holográfico, cada parte del cerebro contiene información relacionada con la totalidad, y por tanto tiene acceso a todas las demás partes.

Estas propuestas encajan muy bien con la visión que tenía el doctor Sutherland del sistema respiratorio primario. En el concepto craneosacral, los ritmos de las mareas del Aliento de Vida emergen de un reino implicado de quietud dinámica. Dentro de cada reino emergente están plegados todos los demás; es algo parecido a una serie de muñecas rusas. En el sistema respiratorio primario existen ritmos interpenetrantes dentro de otros ritmos, todos ellos derivados de un campo unificado. Cada despliegue rítmico es una expresión particular de un principio plegado universal.

 

El reino de la unidad

Según la visión holográfica, cada cosa en la vida está conectada con todas las demás, y todo está contenido en todo lo demás. Incluso se piensa que la totalidad del universo está contenida holográficamente en cada átomo.

La totalidad esencial existente en el fondo de nuestro Ser se encuentra intrínsecamente en cada parte separada. Reconectando con este reino implicado es como podemos, acceder a nuestro mayor potencial y podemos llegar a la sanación fundamental. Regresando a esta Fuente de Totalidad puede ser posible “borrar” todo lo anterior y volver a "empezar de nuevo".

 

La salud puede definirse como el emerger de la Originalidad. La Originalidad expresa un completo equilibrio de estructura y función, tal como se manifiesta en la creación de un ser humano.

 


Impronta esencial

El Aliento de Vida transporta una impronta esencial de salud, llamada Matriz Original por el doctor James Jealous. “Esta impronta es un principio ordenante profundo e inalterado que los ritmos de las mareas del movimiento respiratorio primario distribuyen por el cuerpo de manera intrínseca. La matriz original también recibe el nombre de intención original porque está presente en el principio mismo de la vida, cuando las células del embrión empiezan a formarse y diferenciarse. No obstante, este mismo imperativo embriológico continúa estando presente a lo largo de toda la vida, en cada momento de creación. Los ritmos del Aliento de Vida distribuyen continuamente un orden intrínseco a los fluidos y, a través de ellos, a cada célula del cuerpo. Los diversos sistemas de tejidos y fluidos corporales se forman en torno a esta impronta esencial. Mientras hay vida, este principio ordenante no se pierde nunca".  Franklyn Sills concluye: “En el trabajo de curación éste es un punto crítico que debemos entender. Por muy desesperada que sea la situación, la información de la totalidad, su principio ordenante inherente, o impronta, sigue estando disponible en cada parte. De modo que la impronta de salud está presente en cada parte, y sigue estando disponible si podemos acceder a él”

 


Facilitar el orden y la salud 

Como la matriz original es distribuida por los ciclos del movimiento respiratorio primario, la capacidad que tengan las células de expresar el Aliento de Vida tiene importantes consecuencias para su salud. A nivel fundamental, el movimiento respiratorio primario mantiene el orden y la integridad de cada célula. El objetivo del tratamiento craneosacral es facilitar la expresión de la matriz original en los tejidos que se han desordenado al ser afectados por una patología. Favoreciendo la manifestación del Aliento de Vida a nivel celular, el terapeuta craneosacral actúa como facilitador de esta impronta esencial de salud. Como dice el doctor Jealous: “La penetración del Aliento de Vida en los tejidos desorientados restablece la matriz original. La matriz original es una forma transportada por la potencia del Aliento de Vida alrededor de la cual se organizará el mundo molecular y celular siguiendo la pauta Original establecida”.

 

 

Sabiduría pura

Se considera que los ritmos sutiles producidos por el Aliento de Vida son las principales fuerzas autorreguladoras y autocurativas del cuerpo. El doctor Sutherland describió que la potencia del Aliento de Vida acarrea una sabiduría pura e inviolable que está más allá de la inteligencia relativamente escasa de nuestros propios conceptos e ideas humanos. Esta potencia transporta nuestra matriz original de salud. Por tanto, la expresión equilibrada del movimiento respiratorio primario asegura una distribución constante de la salud inherente a todas las células del cuerpo. En palabras del doctor Rollin Becker: “Nos proporciona pruebas fisiológicas de la existencia de salud en toda la fisiología corporal, y también pruebas de falta de salud en cualquier área de disfunción. Puede usarse como herramienta de diagnóstico y tratamiento, y es una manifestación de la vida dentro del paciente que el terapeuta craneosacral puede usar para facilitar la salud al paciente”.