EL TEJIDO CONECTIVO

 

Todo el cuerpo está rodeado y envuelto por tejido fascial o conectivo; somos una gran fascia. Todas las partes de nuestro cuerpo como los músculos, huesos, tendones, nervios, vasos sanguíneos, órganos, etc. están envueltos en tejido conectivo y por tanto todo el organismo está interconexionado a través de las fascias.

Este tejido es el que transporta el movimiento respiratorio primario (proveniente del tercer ventrículo del cerebro)  por todo el cuerpo y por tanto es de vital importancia para nuestra salud.


Este tejido conectivo se ve afectado por traumatismos físicos o emocionales, antiguos o recientes. Todos nosotros tenemos tensiones internas difíciles de percibir, pero que nos repercuten seriamente en todo nuestro organismo. Muchas de estas tensiones sutiles se almacenan sobre todo en la cabezay en la médula espinal.

Si el tejido conectivo se encuentra agarrotado o en constante tensión, el líquido cefalorraquídeo no podrá pulsar por su interior y la comunicación nerviosa, electromagnética y comunicación neuronal no funcionarán correctamente.

Los últimos estudios clínicos nos confirman todas estas teorías.

Es de vital importancia armonizar esta pulsación tan sutil y devolver el micro-movimiento de flexión y extensión en todos los huesos del cráneo y del sacro.

El tejido conectivo es de vital importancia y es el responsable de muchos dolores internos difíciles de eliminar. Todo el cuerpo está formado por tejido conectivo y éste  es el encargado de comunicar e interrelacionar todo el organismo.

Aquí tenemos el puente entre el mundo físico y el mundo sutil. El tejido conectivo como parte del sistema nervioso se ve muy influenciado por las tensiones emocionales y mentales.

 

 

EL SISTEMA DE FASCIAS (TEJIDO CONECTIVO)


El conocimiento sobre las fascias es relativamente moderno.

También reciente es el conocimiento de la ciencia anatómica sobre el movimiento pulsátil de los huesos del cráneo y de la médula espinal, así como la fluctuación del líquido cefalorraquídeo por el interior de las meninges.

El hombre está formado por huesos, músculos, nervios, ligamentos, vasos sanguíneos, etc. y todos estos sistemas están íntimamente interrelacionados a través del tejido conectivo, asegurando así la cohesión del conjunto y  estableciendo un vínculo interno entre todos sus sistemas por medio de una perfecta red de comunicación electro-química y neuronal.

El sistema de fascias, en el que se basa la bioenergética y la terapia craneo-sacral biodinámica, dispone de un gran poder de almacenaje del trauma físico o psíquico y es el único sistema capaz de conectar los sistemas mental, emocional, sensorial y locomotor a través de la memoria y durante las 24 horas del día, mediante su intrincado sistema de fibras conectivas que sobrepasa aspectos de espacio y tiempo.

Es decir, uno se puede torcer un tobillo y después de un mes tener un dolor de mandíbula que el dentista no podrá localizar. En este aparentemente simple proceso de torcedura del tobillo se ha producido una compleja reacción en cadena.

Todos los patrones físicos están sometidos a un proceso de formación a lo largo de la vida humana. Las influencias internas y externas determinan nuestra apariencia corporal. Lo que hemos vivido, las experiencias emocionales que hemos experimentado, las circunstancias traumáticas que hemos pasado, según cómo lo hemos experimentado o vivido en nuestro Ser y cómo hemos permitido que repercuta en nuestra morfología, determinará en gran medida nuestra estructura corporal. Todos estos aspectos psicológicos y/o energéticos repercuten muy directamente en el tejido conectivo.

Si entendemos la vida como una secuencia de reencarnaciones, podemos entender también cómo desde nuestro nacimiento tenemos ya rasgos muy particulares sobre nuestra morfología. Podemos decir que la morfología corporal crea aspectos psicológicos y que éstos a su vez crean nuestra estructura corporal. Al nacer venimos con deformaciones de la columna o rasgos morfológicos propios de cada uno, desde el nacimiento y es muy probable que traigamos estos defectos de otras vidas, ya quelas fascias van más allá del tiempo y del espacio.

Los tejidos conectivos, y en particular las fascias, se encuentran en un estado de reorganización continua. 

Las fascias dan soporte a los vasos sanguíneos y nervios de todo el cuerpo, hacen posible que tejidos adyacentes se muevan y además es por el interior de este tejido donde circula el líquido cefalorraquídeo.

Todos los órganos y vísceras tienen su forma determinada de la Energía Vital (Chi). Las fascias son acumuladores y distribuidores de la energía vital.

Somos una fascia enorme. Nuestros nervios, músculos, capilares, huesos, etc. existen y pueden realizar sus funciones gracias al orden y conexión que permiten las fascias. Este sistema conectivo mantiene al sistema nervioso en constante conexión con todo el organismo, es decir, ayuda  junto con los nervios  a que todo el organismo esté interrelacionado.

 

Las fascias son estructuras de energía Chi a las que se puede  fortalecer y conservar húmedas y flexibles cargándolas con grandes cantidades de energía. Son como finos  conductos de energía  que circulan por el cuerpo. Los canales y meridianos de energía de los órganos pasan por las fascias. Las fascias son uno de los más importantes conductos físicos por donde la energía, el alma y el espíritu se mueven y habitan.