La terapia craneosacral

La terapia craneosacral deriva de la osteopatía y es una técnica manual sutil que permite al terapeuta trabajar sobre todas las estructuras del cuerpo: sistema nervioso central y parasimpático, membranas durales, huesos, líquidos, músculos, fascias, órganos, etc. utilizando para ello un tacto sutil, no invasivo ni intrusivo.

Es una terapia suave basada en el movimiento rítmico y coordinado de los huesos craneales y el sacro, y consiste en la liberación de las posibles restricciones a dicho movimiento.

 

En la terapia craneosacral es el cuerpo el que se expresa, y el terapeuta solo ha de esperar la información que envía el organismo del paciente. Este responde al tratamiento dando paso a sus propias fuerzas de autosanación que le llevarán a su estado natural de salud.

 

Nuestros estados emocionales se registran en el cuerpo

En nuestro cuerpo se puede leer nuestro estado mental y emocional. Nuestros estados emocionales, ya sean de estrés, excitación, represión..., se van a reflejar en patrones y posturas musculares características. Incluso los traumas físicos y emocionales del pasado están reflejados en nuestros tejidos, lo que denominamos «nudos de energía». Las personas que han tenido algún trauma guardan la memoria de esos eventos traumáticos en el cerebro y en el cuerpo. Frecuentemente, esta memoria se expresa en síntomas de numerosas enfermedades psicosomáticas, desorden de estrés postraumático, pesadillas y miedos, pensamientos negativos y comportamientos disociados. El cuerpo de una persona “con trauma” está «desconectado» y contiene una gran tensión. Es aquí donde las terapias de liberación somato-emocional y craneosacral son especialmente útiles.

 

Los «nudos de energía», cristalizaciones o somatizacones emocionales, son áreas de disfunción corporal que se manifiestan como obstrucción a la eficiente conducción de energía a través de los tejidos del cuerpo (principalmente las fascias). La función normal del cuerpo se ha inhibido en esa área y el cuerpo se debe adaptar a esa actividad desorganizada. Puede ser resultado de: traumas físicos, invasión patógena, disfunción fisiológica, problemas mentales y sobre todo, bloqueos emocionales.

 

Toda la información del cuerpo está en el sistema fascial

 Las fascias son los tejidos conectivos que mantienen unido al cuerpo. También envuelve, sin excepción, cada estructura del cuerpo (nervios, huesos, músculos, órganos,…).

Todas las partes del cuerpo están interconectadas por la fascia. Las pautas anormales de tensión en la fascia se pueden transmitir desde una parte del cuerpo a otra. El organismo se comporta como una sola unidad desde el  sistema fascial.

 

La fascia corporal permite los movimientos corporales sutiles y fisiológicos, mostrando poca resistencia. Permite la rotación rítmica interna y externa del cuerpo entero de acuerdo con la actividad de flexión y extensión del sistema craneo-sacral.

 

El papel del tejido conectivo.

 

Aunque la inercia psicológica se puede manifestar en cualquier parte del cuerpo, parece que el tejido conectivo juega un papel especialmente importante en el almacenamiento de estas experiencias como memorias de los tejidos. La interconexión de fascias a lo largo del cuerpo ofrece un medio muy apropiado para el almacenamiento de las energías emocionales atrapadas. Por ejemplo, la rabia contenida puede manifestarse en un diafragma restringido como tensión en el plexo solar, que a su vez puede conducir a problemas digestivos y dolor de espalda. La interconexión de las fascias mantiene esta situación. Cuando se accede a estados de equilibrio en los tejidos fasciales, las fuerzas inerciales que mantienen este tipo de contracciones pueden resolverse. Habitualmente, en ese momento, las emociones asociadas afloran a la superficie y pueden ser liberadas. 

 

La memoria de los tejidos

Nuestras emociones, actitudes y patrones de estructura y función se reflejan, estimulan y mantienen entre sí. Las experiencias emocionales y las creencias psicológicas dan forma a los tejidos del cuerpo y estos, a su vez, nos predisponen a expresar ciertas emociones y actitudes. El cuerpo y la mente se sostienen mutuamente.

Cuando los pensamientos y emociones fluyen libremente, nuestras experiencias pueden ir y venir sin apegos. Sin embargo, las experiencias psicológicas repetitivas o que nos sobrepasan pueden volverse inerciales y, de este modo, almacenarse en el cuerpo en forma de memoria en los tejidos. Las terapias craneosacrales y de liberación somato-emocional son una gran herramienta para la liberación de esta memoria.

 

Según Ken Dychtwald, el cuerpo se convierte en «un almacén de emociones y creencias». Las fuerzas inerciales que quedan atrapadas pueden mantener las memorias en los tejidos mucho después de que el suceso estresante haya ocurrido. De este modo, las emociones siguen repitiéndose cíclicamente sin llegar a resolverse. Consecuentemente, una zona fascial contraída (bloqueo o nudo energético) puede estar compuesto por una serie de capas distintas: puede contener una contracción que afecta al movimiento de tejidos y fluidos, junto con emociones asociadas que han quedado envueltas en los tejidos y, a su vez, todo ello estar siendo mantenido por fuerzas subyacentes que se han vuelto inerciales.

 

La liberación de las emociones

A menudo las emociones y actitudes son los elementos que juegan el papel más importante en el mantenimiento de la inercia de los tejidos. Esta inercia sólo se podrá disipar si encontramos los recursos, el espacio y las habilidades para liberar las experiencias atrapadas. El elemento fundamental del tratamiento craneosacral o de liberación somato-emocional reside en crear las condiciones que permitan soltar esas experiencias.

Este proceso en ocasiones implica tomar conciencia de la emoción asociada con la inercia, pero no siempre es necesario. Muchas veces, las cosas se "disuelven" si estamos preparados para ello. Por otro lado, la recapitulación de las emociones traumáticas, en lugar de ser un acto terapéutico, puede retraumatizarnos, si no tenemos los recursos para revivir estas experiencias manteniendo un claro sentido de nosotros mismos. Las dinámicas craneosacrales hacen que el proceso sea siempre de liberación, si el terapeuta es experimentado y tiene un determinado nivel de conciencia.

El tejido fascial tiene la memoria de los tejidos del cuerpo  y nuestro propósito como terapeutas es percibir los bloqueos o nudos energéticos y las zonas de débil o nulo movimiento respiratorio primario y así  detectar las huellas de las lesiones. El proceso de autocuración del cuerpo se encargará de hacer el resto.

 

La escasez y la falta del movimiento respiratorio primario (energía vital) en distintas partes del cuerpo denotan un bloqueo energético y un fulcro inercial. Ese bloqueo energético es debido  en la mayoría de los casos a una falta de asimilación de procesos mentales y emocionales. Según la zona bloqueada y por tanto con un fulcro inercial, denotara una emoción sentimiento en particular.

 

El cuerpo como una unidad integrada

La Terapia Craneosacral es una forma de trabajo corporal suave que tiene sus raíces en la medicina osteopática. La medicina osteopática se basa en tres contenidos fundamentales de filosofía y práctica.

El primer contenido es que la estructura y la función están recíprocamente inter-relacionadas. En otras palabras, el modo en que la estructura del cuerpo se mantiene afecta al modo en que funcionamos, y viceversa. 

El segundo contenido importante es que el cuerpo es una unidad integrada, tanto en su estado de salud como de enfermedad. Esto significa que el cuerpo no se puede dividir, ya que una parte influencia la otra, y hay que considerarlo como una totalidad unificada.

 

El tercer contenido es que el cuerpo es capaz de autosanarse; en otras palabras: el cuerpo tiene las capacidades innatas de curarse si se dan las condiciones adecuadas para que los mecanismos de curación se manifiesten.