Cómo es el desarrollo de una terapia craneosacral

 

La sesión se desarrolla aproximadamente en unos 45-60 minutos; el terapeuta coloca las manos sobre el cuerpo del paciente, que está vestido; sólo debe quitarse los zapatos y cadenas o reloj. Desde las primeras sesiones ya se pueden obtener resultados evidentes, aunque difieren de unas personas a otras.

La técnica de palpación es muy suave pero profunda, busca la causa de los síntomas y los muestra al organismo para que éste active su mecanismo de autocuración.

Por medio de esta terapia, nos damos cuenta que en gran medida la disfunción física viene producida por la repercusión de un problema emocional de fondo.

 

 

Dejando hablar a mi cuerpo 

“Algunas pocas veces en nuestras ocupadas vidas tenemos la oportunidad de sólo estar sostenidos, seguros, en silencio, sin necesidad de dar algo a cambio. Es algo que todos necesitamos, pero la mayoría de nosotros nunca tiene la ocasión de experimentar. Eso es la terapia craneosacral”.                                                                                                        Caroline Ratner 

 

 

Un sistema fisiológico y neurológico que conecta con la autosanación

La terapia craneosacral se basa en unos conocimientos de fisiología articular, fisiopatología de sistemas membranosos, circulatorios, neurológicos, entre otros para  explicar los movimientos producidos por la bomba hidráulica del líquido cefalorraquídeo

Los terapeutas craneosacrales pretendemos que esta bomba hidráulica funcione correctamente y para ello utilizamos unos toques terapéuticos suaves que en la mayoría de los casos son a través de nuestra intención, o sea, sin contacto o presión alguna. Nuestro toque terapéutico está basado primero en la sensibilidad para escuchar a la bomba hidráulica del líquido cefalorraquídeo por todo el organismo y posteriormente, a través de nuestra intencionalidad, regular este sistema hidráulico. 

Usamos el impulso rítmico craneal, o movimiento respiratorio primario para seguir esa fluctuación energética por el campo energético de la persona y, así se pueden percibir cinestésicamente los nudos de energía o quistes energéticos. Una vez localizado ese torbellino de energía "desordenada" el propio organismo va restableciendo el equilibrio y el mismo procede a su liberación y "limpieza". Después se tiene que "recargar" la zona del campo energético afectado y, volver a realizar este proceso de autosanación en los próximos días, para asegurar que esa zona del campo energético quede reflejando correctamente las "mareas internas" del ser humano, que reflejan equilibrio y salud.

 

Si fortalecemos el campo de energía humano,

la salud integral e innata del ser humano

se realiza de forma automática.

 

Con estas técnicas a aplicar se obtienen resultados verdaderamente asombrosos. Esta terapia se fundamenta en sanar y desbloquear el campo de energía humana y dejar que el cuerpo-alma-espíritu realice los ajustes necesarios en el cuerpo físico. 

En la terapia craneosacral las manipulaciones se realizan con contactos muy ligeros; gracias a estas técnicas de “inducción” se ayuda el cuerpo a reequilibrarse y se liberan bloqueos energéticos y físicos, partiendo del principio de autocuración innato del organismo.

 

En esta terapia escuchamos el lenguaje del cuerpo. Sintiendo, entendiendo y respetando ese lenguaje y respondiendo de manera apropiada como apoyo en el estímulo de autorregulación y equilibrio del cuerpo, el organismo muestra una inteligencia inherente para autosanarse.

 

 

Terapia cráneosacral: el ritmo del cerebro

El sistema nervioso (central periférico) es el sistema más complejo y, si cabe, más necesario para el funcionamiento de cada parte del cuerpo y para su integración global.

En el desarrollo embriológico, la naturaleza ha protegido a este sistema mediante una serie de envolturas y corazas. Siguiendo un orden, el primer sistema de protección son unas fundas membranosas llamadas meninges, formadas por tres capas: duramadre, piamadre y aracnoides. En su interior flotan en líquido cefaloraquideo el cerebro, cerebelo, tálamo etc. y toda la médula espinal hasta el sacro. Además, en el interior del cráneo estas membranas se han replegado formando la hoz del cerebro y la tienda del cerebelo. Así, se entiende que son un continuo desde la cabeza hasta el sacro e incluso se prolongan hacia los nervios.

El segundo sistema de protección sería la coraza ósea: cráneo y columna vertebral hasta el sacro-coxis.
En la terapia cráneosacral se trabaja precisamente con estas meninges, en cualquier punto de su extensión y también más allá, con la fascia, con lo cual ya podemos vislumbrar el gran abanico de posibilidad terapéuticas que esta terapia nos aporta. Como hemos dicho, aunque la terapia craneosacral ponga especial énfasis en el segmento cráneo-sacro (como su propio nombre indica), no se queda ahí, va “más allá de la duramadre”, trabaja también con la fascia de todo el cuerpo, con las vísceras etc.

Esta terapia nace con los trabajos que realizó el Dr. Sutherland a principios de siglo sobre los movimientos de los huesos craneales, sus disfunciones y patologías asociadas. Esto le valió el título de “padre de la osteopatía craneal.” el Dr. John Upledger siguió investigando, extendiendo sus conclusiones, al resto del organismo al descubrir el movimiento del tubo dural y el ritmo craneosacral (RCS). El Dr. Upledger tuvo una experiencia clínica que marco irremediablemente el nacimiento de esta terapia. En su labor médica profesional se vio en la situación, junto con un colega neurocirujano, de tener que operar a un paciente que sufría un extraño cuadro de mareos, dolores, pérdida de memoria y psicomotricidad, etc. mediante resonancia magnética el neurocirujano le detectó una calcificación en el tubo dural a nivel cervical alto. En la intervención quirúrgica el cirujano tenía que raspar la calcificación con mucho cuidado mientras que el Dr. Upledger se encargaba de mantener firme y tenso el segmento duramadre afectado. Pero ante su propia frustración y sorpresa, una labor en apariencia tan sencilla, le resultó imposible, no podía mantener quieta la membrana, ¡se movía! Y con un ritmo fijo y pausado, diferente a cualquier otro ritmo corporal. Fue a partir de ahí que la mente inquieta del Dr. Upledger empezó a investigar sobre el movimiento propio del tubo dural, al que denominaría ritmo craneosacral, por ser fruto del bombeo del líquido cefaloraquídeo en el inteior de un sistema hidráulico semicerrado (el sistema craneo-sacral).

 

Desde un punto de vista anatomo-fisiológico, ha sido demostrado que el líquido cefaloraquídeo no esta estancado. Como todo fluido corporal, tiene un sistema de producción y reciclaje, es bombeado y absorbido a un ritmo constante, al igual que existe un ritmo cardiaco y respiratorio independientes. El líquido cefaloraquídeo tiene un pulso propio que va de seis a doce veces por minuto en estado normal y con un movimiento de flexión y extensión. Es bombeado desde el cráneo hacia el sacro bañando todo el sistema nervioso. El terapeuta cránero-sacral con el trabajo diario y su especial tacto es capaz de “sintonizar” con la pulsación del líquido cefaloraquídeo, la cual le indicará si existe o no alguna disfunción de un tejido fascial, muscular etc.

 

Como entender la terapia craneosacral

(Breve introducción a  la osteopatía)

Fue en 1.874 cuando aparecieron públicamente los fundamentos filosóficos y prácticos de la Osteopatía, desarrollada por Andrew Taylor Still a partir del enfrentamiento con las excesivas prescripciones por parte de los médicos, de medicamentos, sangrías y demás métodos médicos. Este sistema médico desarrollado por Still nuevo y que integra a todo el cuerpo con la mente y las emociones, lo denominó OSTEOPATÍA.

El método de tratamiento craneosacral fue desarrollado más adelante a principios de los años 30 por W.G. Sutherland, (cuya mayor aportación junto a la aplicación consecuente de los principios de la Osteopatía sobre el cráneo, fue el descubrimiento de un sistema de regulación para el organismo, que se manifiesta con un movimiento rítmico y lento del cráneo) quien al examinar un cráneo fresco diseccionado observó:

  • Que las superficies de unión de los huesos parietales con los temporales presentaban aristas como las agallas de un pez, esto era el reflejo de la movilidad articulada de un mecanismo respiratorio, y le llevó a investigar la movilidad de los huesos del cráneo, aunque los libros de Anatomía decían lo contrario. (es decir que se sueldan y no se mueven.). Estos estudios le llevaron a la conclusión de que las superficies articulares de los huesos del cráneo daban lugar a una estructura hecha para el movimiento, y a este movimiento le llamó movimiento respiratorio primario. Pues empieza en el estado embrionario y acaba unos minutos después del fallecimiento. Entendiéndose respiratorio en el sentido de la respiración de los tejidos que hace que cada célula drene rítmicamente gracias a los sutiles movimientos de este sistema.
  • Que bajo la superficie interna de los huesos del cráneo estaban las membranas intracraneales que coordinaban ese movimiento.
  • Que el sacro está igualmente unido al cráneo por estas membranas que bajan por el canal medular hasta el segundo segmento del sacro, donde se adhieren. (es una unidad funcional de ahí el nombre de Sistema Craneo-Sacro).
  • Que el sacro también tiene un movimiento involuntario inherente entre las dos palas ilíacas. El movimiento que tienen los huesos del cráneo, y que a través del canal medular se transmite hasta el sacro está producido por el Ritmo Cráneo-Sacral.